sábado, noviembre 10, 2007

MOVIÉNDOSE ENTRE LAS SOMBRAS

Estás fueron las palabras pronunciadas en la Facultad Experiemnteal de Ciencias con motivo de la presentación de un libro por parte de mi tío José Francisco (el Poeta).

MOVIÉNDOSE ENTRE LAS SOMBRAS
(Palabras de presentación en la Facultad Experimental de Ciencias
Universidad del Zulia. con motivo de las Jornadas Científicas)


He preferido este título para la presentación del libro de ensayos “La fugacidad de la mirada” de Edixon Rosales. Título que obviamente no me pertenece sino al autor de la obra cuando su atento oído escucha a Alberto Girri, y antepone a la frase la palabra discurso tan preñada de referencias en los análisis textuales contemporáneos.

La mirada marcha sobre caminos de sombra, y las claridades sólo son posibles porque “el ojo está lleno de bastoncillos y conos que guardan en su interior un fluido llamado púrpura visual que se decolora por efectos de la luz (...)El paso del púrpura a la ausencia del color representa un descenso de la energía” (Jacob Bronowski: Los orígenes del conocimiento y la imaginación. 1981:28) ¿En qué instante de esa fugacidad el ojo ve lo que no ve? ¿En qué instante copia lo inombrable y soporta sobre lo abisal para que la existencia sea posible?

Pero hoy no haremos disquisiciones en ese sentido, sino que llevado por la emoción de las palabras diremos cuánto nos ha cautivado esta escritura que intenta solazarse lejos de la poesía, cuando, ciertamente, él es un poeta prendado del rumor del tiempo.

Digo emoción de las palabras porque este intento mío más que una formalidad, corresponde al secreto vicio de celebrar cada nueva obra que sale de las imprentas. Es un vicio de libertad y de confianza en las voces que se atreven a fulgurar entre las sombras. Y cuando esa obra trae el sello del pulso del amigo, amigo de larga data entre el café de los días imprevisibles de la Maracaibo ausente, de los pasillos y aulas universitarias, entonces la mirada avanza sobre caminos de esperanza.

Nos preguntamos qué intenciones tiene un poeta para hacerse escritor, y aún más en presentarse como ensayista que, al parecer de mucha de la crítica, el ámbito de escritor está reservado para el cuentista o el novelista. Cosas que ya no cuentan en nuestra época pero que ofrezco como una voluntad lúdica para indagar e indagarme acerca de este asunto tan nuestro de querer mostrarnos de manera poliédrica en asuntos del lenguaje.

Podríamos conjeturar que el ensayista entra en concordancia y en sumisión con el lenguaje, y el poeta en rebeldía con la palabra. Si al ensayista le es útil el campo de la alegoría y los problemas morales que en el mundo son, al poeta la anagogía, es decir el ámbito místico tan cercano a la lírica como fuente de iluminación. Porque en puridad en toda escritura no hay textos acabados sino metatextos idealizados que aspiran a la liberación del lenguaje, así como la denotación es una metáfora en potencia la ilusión es heredera de la verdad.

Es este un libro de la imaginación que no otra cosa hace la mirada cuando es fugaz y cree que ya no hay sombras y que por especialísima conversión de los matices fulguran en otredad, espejos trizados por el tiempo y la voz que los nombra. Es un acercamiento estético que vislumbra y oculta, señala y converge, explora y marca territorios para anunciar su propia identidad.

Paul Valery anunciaba esta fuerza emergente del silencio cuando aseguraba que “los dioses de los poetas no son los mismos que los del común de la gente” y podamos reconocer nosotros con Rimbaud que rasgar las vestiduras de la belleza y sentarla en las rodillas la hace amarga. ¡Qué grave y terrible es el sueño de la literatura!

El autor se nos presenta como Janos. Una cara que mira hacia el pasado y la otra que mira hacia el porvenir. Y ambos rostros: el del matemático y el del poeta se reconocen en la unidad e infinitud del universo, porque confirmamos con Gottfried Benn que “la vida no es realidad, es simplemente una repetición de absurdos, un eterno retorno de los pasos previos, hoy reelaborado como historia”.

Historia introyectada girante y especular visionaria de un mirar insistente sobre la memoria.

Ocho ensayos dan cuerpo al libro, auspiciado por la editorial de nuestra universidad (Ediluz) y la Cooperativa Editorial Humberto Fernández Morán. Acompañándolo como coautor en un lúcido trabajo “Poesía e infinito”, digámoslo de una vez, por la sapiencia de Deivi Luzardo, amigo constante y lector voraz de la gran literatura.

Que nuestro ensayista rememore autores clásicos venezolanos, latinoamericanos y universales, que nos muestre el talante de una obra portentosa, esplendente y armoniosa y desigual en muchos casos, si bien tiene importancia, no lo es menos descubrir en él sus propias pasiones atravesadas por la lengua que nos vive y nos desborda en la más vasta de las soledades.

“Perseo – nos dice el autor – no elude el acercamiento, la mirada a las potencias de la muerte. Lo asume tangencial, crea de alguna manera su propia luz, su propia asimetría, su propia manera de abordar la mirada del otro”

He aquí por donde andan estos textos de Edixon Rosales.


José Francisco Ortiz
Maracaibo 18/10/2007